
Hoy en Venezuela se habla casi con naturalidad de disociación sicótica, refiriéndose a los que no logran reconocer que vivían dentro de un modelo de explotación. Por lo cual actúan como oposición a la revolución bolivariana que intenta desplazar ese modelo hacia uno más justo, equitativo, que tenga al ser humano como prioridad en lugar de apéndice secundario, utilizado según conveniencia de los que ostentan un tipo u otro de poder.
Pero la disociación es mucho más amplia y tiene raíces más profundas, que ahora con la voluntad de una nueva sensibilidad que intenta el cambio de dirección, se actualizan e intensifican con mayor fuerza e irrumpen de lo sicológico a lo público, haciéndose evidente el contraste. Esa disociación puede por ejemplo apreciarse en el momento que abstraemos el dinero o capital, de las fuerzas de trabajo y procesos de transformación de materias primas que representa.










