Honor y Gloria a los veteranos del Chaco
Por Enrique Bachinelo
Jovencitos, casi niños conforman los últimos soldados que marchan hacia el frente, al Chaco Boreal en la guerra enfrentada entre Bolivia y Paraguay. Fueron reclutados por órdenes del Alto Mando Militar boliviano, al sentir la ausencia de tropas frescas para remplazar a los combatientes que van cayendo en las trincheras o consumidos por la sed y la insolación. “Las guerras son el espanto de lasa madres”. (Horacio)
La masacre de los combatientes no tiene limites y, dos países hermanos se destrozan por la ambición de intereses extranjeros que llevan al enfrenamiento a ejércitos mal vestidos, peor nutridos dada la distancia y la dificultad de llegar desde las ciudades hasta los centros de la vorágine, para proveer de los medios necesarios para la viva humana.
El 14 de junio de 1935, se firma en Buenos Aires, república Argentina, el protocolo que puso fin a la guerra del Chaco, iniciada tres años atrás por problemas aun confusos que hacen suponer intereses sumergidos en la nebulosa de los momentos por los que atravesaba Bolivia. La paz fue signada y los soldados comienzan a tomar el camino del hogar. Se estima que el total de las fuerzas combatientes de ambos países sobrepasaban los doscientos cincuenta mil entre soldados en el frente, servicios activos, y personal de apoyo. Bolivia se anota con 150.000 almas y los paraguayos contaban con 100.000 hombres del trópico conocedores del medio ambiente. Los datos son estimados, dado que, las estadísticas siempre han sido el secreto de los beligerantes.
El pasado 14 del mes que corre, se recordaba ese acontecimiento y, un pequeño grupículo de ancianos sobrevivientes de los miles y miles de combatientes que dejaron sus vidas en el campo de batalla o retornaron a sus hogares donde han fallecido, vencidos por el peso de los años, las enfermedades y la falta de atención médica. Esos pocos seres humanos que ahora deambulan las calles de sus ciudades, tienen una renta muy limitada que paga el Estado. Atención médica deficiente en las dependencias de la Caja Nacional de Salud. Al decir de las estadísticas, el número de estos ancianos alcanza a los 700 beneméritos. Es insignificante, pero la historia reconoce el valor de esos, hoy ancianos, por haber puesto sus pechos a las balas paraguayas, defender a su patria y evitar la usurpación de las riquezas que abriga en sus entrañas.
Es doloroso escribir sobre estos seres humanos abandonados a su suerte y sin mayores recursos que la suma muy limitada que otorga el Estado. Ya no son miles, solo llegan a unas centenas. La verdad es que si las balas no destrozaron sus vidas, el hambre y las enfermedades hoy les consume. La indiferencia del gobierno -que tiene sus propios problemas- posiblemente son mucho más importantes que la vida de estos ancianos enfermos que se mueren de hambre.
Las generaciones del presente no tienen idea de los acontecimientos bélicos de la campaña del Chaco y, a modo de recordar un pasaje de la historia, anotaremos el acontecimiento más trágico y triste donde, los valientes luchadores mostraron el coraje, el valor y el patriotismo de ser boliviano. Jamás pensaron en rendirse al enemigo. No importó su número y sus deficiencias de equipamiento. Los bolivianos siempre han afrontado las tragedias en las guerras del Acre, el Litoral y en el Chaco Boreal. El miedo es humano, pero el valor sale del corazón y el cerebro para calcular la manera de derrotar al enemigo o, en su caso asumir la defensa de sus trincheras. A guisa de remembranza anotaremos el acontecimiento de mayor relieve en el Chaco: La defensa de Boquerón y la heroica resistencia de un pequeño número de soldados bolivianos que no pasaban de 600 hombres que, ante el avasallador empuje de 14.000 combatientes paraguayos, eligieron la muerte antes que la rendición. Al mando del Teniente Coronel Manuel Marzana, los regimientos provenientes de La Paz y Oruro, impidieron la toma del fortín por parte de las fuerzas del Paraguay al mando de Félix Estigarribia. La superioridad de éstos hizo de esta batalla un mito para Bolivia. Durante los 23 días que duró el combate, las hostilidades fueron creciendo por parte de Paraguay. Boquerón se asemeja a una isla cubierta de pajonales, monte bajo y rodeada de arena candente y del enemigo en apronte. Allí el valor boliviano pasmó de sorpresa y admiración a todo un contingente de combatientes paraguayos que se concentraron para destruir un foco que se resistía a su rendición. La Batalla de Boquerón se desangró entre el 07 al 29 de septiembre. Bolivia y Paraguay enfrentados por razones estratégicas y en el contexto de la marcha de intereses extranjeros, planean una guerra que ninguno de los países esperaba, pero las compañías petroleras asentadas en esa zona, dieron luz al enfrentamiento armado. Dicha guerra se extendió de 1932 a 1935 por el control del Chaco Boreal. Para Bolivia, el valor estratégico de esta zona era el acceso al río Paraguay y en consecuencia, también a la salida hacia el Océano Atlántico. Cabe mencionar que el país altiplánico ya había perdido la salida al Océano Pacífico durante la Guerra del Pacífico en 1879. Eusebio Ayala, Presidente del Paraguay ordena el ataque a Boquerón y dispone la toma del fortín, esta orden fue interceptada por el servicio secreto de Bolivia. A partir de allí, la Sociedad de Naciones (organización que antecedió a las Naciones Unidas) declaró al Paraguay país agresor. El 9 de septiembre, los hombres del Coronel Marzana resistieron el primer el embate. Boquerón repelió alrededor de diez ataques del ejercito paraguayo que golpeaba con furia y mascullando su impotencia. Los acosos corrieron por 23 días. Paraguay no pudo tomar ese reducto, donde la muerte deambulaba tomando las vidas de soldados que solo sabían disparar sus fusiles Máuseres en cuanto se asomaba la cabeza de un atacante. Defender la patria, era la orden, ¡rendirse jamás! La vida se les escapa; la memoria se remonta al recuerdo de sus familias, sus tierras, ciudades o poblados de donde son originarios. Las imágenes pasan como relámpagos que se cruzan con el fuego enemigo. El ejército boliviano rompió tres veces el cerco, incorporándose algunas unidades de auxilio. El combate arrojó un saldo de más de 4000 muertos del lado paraguayo y cerca a 250 hombres entre los sitiados; el mayor el número de bajas bolivianas se produjeron fuera del cerco. Es decir, cuando grupos de soldados intentaban romper el encierro a fin de buscar ayuda, eran masacrados por los “pilas” que estaban a la expectativa. Hasta el día 23 de septiembre, las tropas paraguayas mantienen su intento de retomar Boquerón hostigando continuamente el fortín. Se calcula que hasta esa fecha las tropas enemigas han perdido 3.000 soldados y 33 jefes y oficiales. El soldado boliviano Eulogio Rivas, en un patrullaje a fondo sobre el antiguo camino a Isla Poí, captura dos ametralladoras y da muerte a dos oficiales enemigos. Es ascendido a Cabo en el campo de batalla. En la noche salen de Boquerón los Tenientes Germán Busch y Arturo Montes con 15 soldados del regimiento orureño 6º de Caballería, por la picada Boquerón - Yujra, burlando la estricta vigilancia enemiga del cerco, pasando a escasos metros de los puestos paraguayos. Informan dichos oficiales que: "el intenso bombardeo al fortín está lesionando la moral de los defensores; hay un racionamiento martirizante de agua y víveres y la falta de municiones obliga a disparar sobre blancos efectivos".
El día 15 de septiembre las tropas paraguayas reciben más refuerzos. El bombardeo se sucede día y noche, no causa daños considerables a los defensores del fortín; pues, de más o menos 4.000 granadas disparadas, sólo alcanzan sus objetivos menos de 50. Las tropas paraguayas mantienen su intento de retomar Boquerón hostigando continuamente el fortín. Se calcula que hasta la fecha las tropas enemigas han perdido 3.000 soldados y 33 jefes y oficiales.
El 29 de septiembre de 1932, una vez agotadas las municiones, agua y comida, se divisaron trapos blancos en Boquerón. Era una señal para plantear el pedido de tregua para precautelar la vida de los combatientes que, los negociadores por parte de Bolivia propondrían a Estigarribia. Propondrían el retirado de los defensores bolivianos que quedaban con vida, pero las tropas paraguayas entendieron que se trataba de una rendición y tomaron el fortín. Los oficiales y soldados bolivianos, que tenían orden de no combatir hasta que retornen sus parlamentarios, se incorporan temerosos de sus posiciones al ver la avalancha que se les venia encima.
El comandante paraguayo ordena que formen las tropas bolivianas, y pregunta “¿Dónde está el resto de los defensores? ” No podía creer que toda la guarnición del fortín eran esos pocos espectros encorvados y famélicos. Extrañado observa la espantosa tragedia que envolvía a los defensores: 20 oficiales y 446 soldados en el último extremo de miseria humana. Por todas partes armamento, equipo, cadáveres y escombros. En un galpón oscuro, cubiertos de harapos, mugre, sangre, estiércol y gusanos, se revolcaban 100 moribundos sin curación, sin vendas y sin agua. Era una masa humana pululante de cuerpos lacerados en lúgubre promiscuidad con cadáveres putrefactos cubiertos a medias con mantas desgarradas y embadurnadas de sangre y excrementos pestíferos.
“En el campo camino a Valencia, el sector mas castigado de la ofensiva paraguaya, yacían dispersos numerosos cadáveres insepultos, algunos de ellos, hinchados descomunalmente que terminaban por explotar estrepitosamente, por lo general en altas horas de la noche, como ocultándose del sol el siniestro desparramo de su podrida entraña. En cambio otros, achicharrados por el calor solar, iban reduciéndose a una mínima expresión de cuerpos momificados”. Son datos del informe paraguayo.
“Presento al coronel Marzana comandante de Boquerón” dice un oficial paraguayo. El teniente coronel Estigarribia se puso de pie y extendió la mano a su adversario. El reducido grupo de oficiales estaba en profundo silencio. Nadie se movía. La respiración contenida de todos, la presencia del jefe de las fuerzas armadas bolivianas, la evocación de todo el drama sangriento y el final imprevisto de la carnicería humana, que tantos horrores habían sufrido. Todo ello llenaba el ambiente de una solemnidad de muerte y de angustia infinita. La Defensa de Boquerón, ha sido considerada por escritores como Julio Díaz Arguedas, una de las acciones militares más heroicas de la historia de la humanidad, junto a las Batalla de las Termópilas y la batalla de Ðiên Biên Phu.
La prensa extranjera comenzaba a tener conocimiento de estos acontecimientos. La resistencia de Marzana y sus bravos comenzó a comentarse en el exterior: Un diario de Buenos Aires dijo a sus lectores: "En Boquerón están escribiendo, unos pocos soldados bolivianos, la más bella página del heroísmo americano. Contados centenares de hombres luchan desde hace 15 días no solamente contra el enemigo mucho más numeroso, sino contra el hambre y la sed que les han impuesto los sitiadores. Antes que rendirse prefieren la muerte".
Cada 14 de junio se rememora la firma del tratado de paz entre Bolivia y Paraguay. En una tumba casi abandonada, dedicada a los caídos en esa guerra, algunas flores. Un epitafio expresa el dolor del pueblo boliviano: “Aquí, en esta tumba yacen los restos de la memoria valiente de cientos de miles de soldados que lucharon, siendo aun adolescentes, por la patria como ideal, ante un enemigo superior en táctica y número. En el polvo de las arenas del Chaco se puede escuchar todavía el ruido de los fusiles y el movimiento de tropas. Las almas aun están en pena pidiendo que sus muertes no hayan sido en vano y que el petróleo que defendieron sirva para acabar con la violencia que genera la pobreza”.
Esta historia muestra el valor y el patriotismo que han mostrado en las candentes arenas del Chaco, los más de cien mil combatientes bolivianos que participaron en esta tragedia. Ahora solo restan 700 o un poco mas, de beneméritos que agonizan su pobreza y que deambulan en las calles pidiendo, solicitando o implorando un poco más de ayuda económica para amortiguar su sufrimiento.
Serán pocos días o meses o talvez algunos años que arrastraran una vida frustrada, una vejez vergonzosa y la apatía e indiferencia del gobierno y los poderes del Estado. Recurrimos a la sensibilidad humana, a la ciudadanía boliviana para que nuestros héroes reciban el premio que nunca llegó: una renta que les permita vivir decorosamente, el resto de su atardecer.
“En la historia de los pueblos siempre hay un necio que lleva a los suyos al desastre”.
Jovencitos, casi niños conforman los últimos soldados que marchan hacia el frente, al Chaco Boreal en la guerra enfrentada entre Bolivia y Paraguay. Fueron reclutados por órdenes del Alto Mando Militar boliviano, al sentir la ausencia de tropas frescas para remplazar a los combatientes que van cayendo en las trincheras o consumidos por la sed y la insolación. “Las guerras son el espanto de lasa madres”. (Horacio)